Me cogió de la mano y por primera vez
después de tantos años, volví a sentir esa falsa sensación de
libertad. La gente de la plaza cada vez se hacía mas pesada. La miré
a los ojos y la sonreí. Soy realmente feliz cuando estoy con ella.
Ella resopló al ver que no podíamos pasar entre la multitud.
-Escapémonos. -le dije sin pensarlo.
De repente tiré de su mano hacia la
iglesia y de ahí corrimos las dos hasta el colegio del pueblo.
Ella tiró de la puerta para ver si
estaba abierta.
-Está cerrada... -musitó.
Lancé mi riñonera al otro lado de la
verja y la miré con una sonrisa de media luna. Di un salto y pude
saltar la valla.
-¿Y ahora qué? -la miraba con fuego
en los ojos mientras las estrellas de la noche iluminaban la escena.
Ella se rió y me dijo “estás como
una cabra”. Luego saltó y empezó a perseguirme por todo el patio
abandonado de la escuela.
Me reía. Estaba riendo a carcajada
limpia. Era increíble... no recordaba que fuera una sensación tan
agradable.
Me agarró de la cintura y me dio la
vuelta, me cogió entre sus brazos como una niña pequeña a la que
abandonaron y que, por fin, era feliz aunque fuera solo por unos
instantes. Me esmuñí como un zorro ante su depredador.
-¿Tienes miedo a la oscuridad?
-pregunté.
-No, me encanta. -contestó ella con
algunos rizos que le cubrían la frente.
Me alejé de ella pero sin dejarla ir
de la mano, y la llevé justo en medio del patio.
Me estiré y ella hizo lo mismo. Una al
lado de la otra miramos las estrellas durante horas, paso en una
ocasión una estrella fugaz y no deseé nada, tenia todo lo que
necesitaba en ese momento. Tuve frío y ella me abrazó. Se estaba
tan bien entre sus rizos castaños... su olor era una mezcla entre
tierra húmeda y oscuridad. Precioso.
Sus ojos centellaban por encima de mi
cabeza, grandes y redondos como la Luna, y verdes como los bosques
que nos rodeaban.
Entonces la oí. No se de dónde salió
esa voz pero me puso rígida como un cadáver. Era la voz de ella,
como si me hubiera susurrado al oído en cuerpo presente.
“No te mientas, ésto tu no lo
quieres.”
Martha vio como empezaba a temblar,
como si una corriente de agua helada me hubiera cortado la
respiración. Oh no... volvían las alucinaciones de nuevo.
Debo de decir que me pasa muy poco...
pero des horrible... y lo peor de todo: está en mi cabeza.
¿Sería posible que escucharas la voz
de alguien cada vez que eres feliz? Como si realmente estuviera allí
acechándote. Supongo que serán imaginaciones mías pero.. el caso
es que Martha se asustó.
-Clode, ¿estás bien? ¿todavía
tienes frío?
-Un poco... -estaba en shock.
Entonces ella se acercó a mi, me
acarició la mejilla y me miró a los ojos. Su mundo verde oscuro se
fusionó en el mio negro y asustadizo.
Se acercó. No. No por favor, no. No me
beses, no lo voy a poder aguantar. Por una parte quería... era la
escena perfecta ,en el momento perfecto y en el lugar perfecto. Y
ella... me hechizaba. Pero no quería volver a oír su voz cavernosa,
enfadada, y tan tan triste...
Ella me cogió la otra mejilla y me dio
un beso en la frente. Abrí los ojos. Y ella me miraba expectante.
-Vamos anda. Que no quiero que caigas
enferma. -se levantó y me tendió la mano con esa posición autoritária que tanto me gusta. Martha es muy protectora, me coge por la cintura cuando pasa un coche y se pone ella delante y me rodea los hombros con su chaqueta cuando veo que tiemblo a causa del frío... o eso cree ella.
No sabia que hacer, no me podía creer
que no me hubiera besado era como si... supiera que algo estaba
pasando dentro de mi mente.
¿Porque la tengo dentro de la cabeza?
¿son imaginaciones? ¿alucinaciones? ¿o es algo más allá?
Por un momento pensé que.. ella estába allí viendolo todo. Viendo como, poco a poco, dejába de ser su presa para ser la de otro depredador mas grande.
"Muerte que has sorbido la miel de sus labios, no tienes poder sobre su
belleza." - murmuró y reconocí el verso que declaraba Romeo en la tumba.
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