-¿Por qué lo habéis hecho?
-pregunté asombrada.
-Porque teneis información que me
interesa saber -dijo pareciendo no darle importancia a mi vida-
quiero entender porqué Alice os acusa de matar a mi madre.
-Yo no maté a nadie, ni tampoco Julie
-gruñí con rabia- ellas se amaban.
Ella pareció volverse de mármol al
oír que su madre había amado a alguien y que ese alguien era mi
madre. Se sentó en la cama sin aliento. Supongo que nunca había
pensado que dos mujeres pudieran amarse hasta tal punto de morir por
ello.
-¿Es eso posible? -susurró sin
mostrar ningún tipo de sentimiento.
-Ellas crecieron juntas, desde pequeñas
fueron como uña y carne. Mi madre era la hija de la familia LeBlanc,
adinerada y con poder procedente del norte y contrató a la familia
Rosseto a cambio de un sitio mejor en el que vivir. Vuestra tía fue
encargada de cocina junto con vuestra abuela y vuestra madre se
convirtió en la ayudante y confidente de Julie. Los años pasaron y
Lucca y Julie se fueron amando cada día más, besándose a
escondidas y cazando juntas, cada una con su don de raza. Ellas
discutían constantemente pero estaban hechas la una para la otra,
arriesgándose a cada segundo de que alguien las viera y, como era de
esperar, Alice era la única que lo sabía y las encubría cuando
desaparecían para irse al lago a nadar o al bosque a jugar. Todo
parecía estar bien hasta que mi madre contrajo matrimonio con un
conde del reino de Akejord, tierra de fuego donde los seres proceden
de las cenizas, bebedores de sangre y expertos guerreros del cuerpo a
cuerpo con solo un objetivo: arrancar los corazones de sus presas
para devorarlos. Así que que mi madre pocas semanas después de su
enlace quedó embarazada de mí. Lo terrible ocurrió después cuando
mi padre descubrió a Lucca y a Julie haciendo el amor a escondidas y
en cuanto mi madre se fue a cabalgar con su yegua Sena, mi padre
cogió a Lucca y la violó hasta casi matarla. Mi madre, entró en la
habitación y lo vio así que se fue corriendo y se suicidó en el
lago... yo tenía apenas dos años. Lucca no pudo aguantar la muerte
de mi madre así que fue al lugar mas oscuro de la tierra, a las
afueras de Eiswald donde habitaban los apash, unos seres oscuros
procedentes de la otra cara de la luna, especialistas en brujería,
medicina, venenos y oráculos y así poder tenerte allí
prematuramente, salvarte a ti y poder morir junto con Julie. Alice te
crió hasta ahora, protegiéndote de mi padre entre los apash y los
eiswaldinos. Yo fui escondida en las profundidades de Askejord,
protegida por los guardianes del fuego, guerreros contratados por mis
abuelos y sometida a duros entrenamientos para la batalla por si
algún día tenia que defenderme sola o peor aún, enfrentarme a mi
padre. Pocos años después lo condenaron a muerte por más de
treinta violaciones y brutales asesinatos de jóvenes mujeres así
que salí de mi escondite para convertirme en la condesa de Askejord,
descendiente de la familia mas bella y sanguinaria conocida hasta
ahora. Hace poco supe que mi padre seguía vivo y ahora vive en las
sombras del subsuelo alimentándose del corazón de las ratas
enfermizas y sucias de la calle... nunca me dijeron su nombre ni él
supo nunca el mio. Y ahora que estoy aquí... no quiero perder lo
único que me queda de mi familia y quiero limpiar el apellido
LeBlanc de toda la sangre que lo ensucia -ella lloraba en silencio
mirando un punto fijo- Christine... te he estado buscando desde hace
tanto tiempo...
Las lágrimas huían de sus retinas y
sus manos temblaban de manera sobrehumana.
-Julie no mató a nadie... solo
murieron asesinadas por culpa de un monstruo... ellas solo murieron
de amor -dije para defender a mi madre.
-Pero si somos de la misma familia...
-consiguió musitar- ¿por qué somos tan diferentes? La sangre, la
piel, el frío, el fuego...
-Como ya les he dicho, Lucca antes de
morir dio tu alma a los apash, los cuales te sacrificaron como humana
para encarnar en ti los sentidos y virtudes de los eiswaldinos: la
belleza, la inmortalidad, el alma animal y la resistencia a los
lugares mas fríos del mundo; aun que sigues teniendo un aspecto de
los míos inconfundible: eres bebedora de sangre y, eso, delata tu
procedencia askercína. Pero pudieron eliminar de tus venas el
control del fuego con la mente y el cuerpo, la capacidad de ser
inmune a las quemaduras y lo más importante... la mortalidad, dotándos de sangre eterna procedente del lugar mas oscuro de la luna. Ahora
es vuestro turno condesa... después de todos los atrevimientos que
he tenido para contarles esto, podéis matarme si lo deseáis. Me
tenéis atada y no veo piedad en vuestros ojos. -y cerré
los ojos en un descansado suspiro.
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