martes, 29 de octubre de 2013

En llamas

Me había llamado a las ocho diciéndome que la reunión se retrasaría. Son las doce y todavía sigo aquí, en la cama, con los ojos abiertos como platos y con miedo de volver a descubrir esas manchas de pintalabios rosa pastel en el cuello de su camisa.
Oigo la puerta como se abre torpemente desde la entrada. Cierro la luz y me hago la dormida. Intento respirar lo más pausadamente posible. ¿Viene acompañado? No, está hablando por el móvil.”Yo también lo he pasado muy bien nena”, contesta él aflojando el tono de voz. Lanza un beso y corta la llamada después de un gran suspiro. Entra en la habitación y se quita la americana, la camisa, los pantalones y los calzoncillos y se mete en la cama. Me abraza por la espalda y inclina sus piernas y genitales a mi dorso.
Ronronea y susurra:
-Cariño, ya estoy en casa, perdón por tardar tanto, la reunión se ha alargado. -sigo haciendome la dormida pero con los ojos entreabiertos llenos de lágrimas. Ronronea de nuevo y siento su erección en mi trasero, seguramente con la otra chica no ha tenido bastante.
Me giro y lo miro con desprecio, odio y miedo, y con un movimiento rápido y forzado me da la vuelta quedándome aplastada contra el colchón. Se monta encima mío.
-Oh nena... te quiero tanto... -me penetra y grito de dolor.
Solo pienso en todas las noches que me ha tratado así.
Las embestidas siguen, cada vez mas rápido y yo, callada, ahogo mis gritos mientras lo oigo gemir de placer.
Al cavo de unos minutos, que para mí pasaron como siglos, para y convulsiona ligeramente dejándose caer a su lado de la cama.
Me duele todo el cuerpo y estoy aterrada. No puedo moverme. Repaso con la mirada perdida la pared de la habitación de color crudo, el armario empotrado de madera rojiza, la mesilla de noche...
de repente, en un acto instintivo me levanto u cojo el cenicero de piedra situado al lado de la lamparilla azul turquesa y con un golpe seco le atravieso el cráneo a mi marido. Él empieza a sangrar.
-¡Hija de puta! Zorra de mierda ¿qué has hecho? ¡te voy a matar puta!
Se levanta tambaleándose y le doy otra vez en la cabeza. Él me coge por el cuello y, con un tercer golpe, pongo punto y final.
Con su cadáver caliente tirado en la cama, me meto otra vez dentro de las sábanas sangrientas. La olor a hierro me sube por las fosas nasales y me siento fuerte... en llamas.
-Buenas noches... cariño.
El cenicero todavía gotea sangre en la alfombra.

No hay comentarios:

Publicar un comentario